Cartas a Yves

Pensar en el olor de la tierra. De la tierra pura y roja. Esa tierra que cuando se pisa se levanta casi con la velocidad de un efecto rebote y se queda suspendida en el aire por pequeñas partículas minúsculas de polvo y arena. Pensar en el ruido característico que originan las motocicletas que desplazan sus ruedas por el asfalto de la avenida de Mohamed V. Repasar todos y cada uno de los espejos que se integran como un decorado más del zócalo de la ciudad y permiten configurar un esperpéntico retrato de la población. Saborear con los ojos las frutas y los guisos. Tocar las manos de la gente. Mirar sus caras. Oler. Caminar. Sentir. Observar. Hablar. Calor. Mucho calor. Pensar en Marrakech es pensar en vida. En vida y jardines. Hace unos meses tuve el privilegio de Sigue leyendo