De la sonrisa de Fassbender al silencio de la belleza postmoderna

flores rotas 2

Cuando el cine actúa de espejo y deja de funcionar como pantalla, la verdad se puede convertir en una belleza incómoda. Me cuesta comprender cómo una película capaz de materializar la máxima anterior, recibió un aluvión de críticas tan pobres y en ocasiones tan incisivas después de su estreno en 2017, catapultando casi directamente a Terrence Malick al ocaso de su carrera como director. Semejante reproducción mecánica de sin sentidos y dudosos criterios estéticos es el motivo principal por el que ahora, en 2018, me rebelo en contra de ese nubarrón difuso de palabras huecas y rescato “Song to Song” como reivindicación absolutamente personal del buen gusto. Conviene decir antes de empezar con el ritual de cortejo, que la cinta estuvo marcada desde el principio por un juego de diálogos ampliamente improvisado. No hubo guión. Ni nada que se le pareciese. Un terreno virgen para la libertad interpretativa de los actores y al mismo tiempo, una cuerda floja a la que resulta difícil agarrarse si uno tiene la sensación de que está a punto de caerse. Ritmos rápidos, narración interrumpida y atropellada, espacios eternos, temporalidad inexacta y un mensaje latente que traspasa cualquier expectativa. Todo lo que me gusta de la vida tiene piel, belleza y sangre y esta película no echa de menos ninguna de esas tres cosas.

La historia transcurre en el contexto de la escena de la industria musical de Austin, Texas. Un desértico territorio americano que se descubre como la plataforma por antonomasia de lo cool y que se reviste con la experiencia vital y profesional de figuras como Patti Smith, Iggy Pop, Anthony Kiedis y Chad Smith -integrantes de los Red Hot Chili Peppers- o Florence Welch. En un presente meridianamente postmoderno donde sus protagonistas se tropiezan una y otra vez con miedos, necesidades corporales, búsquedas incesantes de aceptación, autodestrucciones espirituales por culpa de la ambición o el poder, con el despertar impulsivo de las emociones y con la incapacidad constante de realizarse como creadores y artistas. Faye, interpretada por una Rooney Mara que no termina de agitar demasiado mi glándula sensitiva y que en ocasiones hace casi imposible la identificación con el personaje que interpreta, es el elemento indiscutible de la cinta cuya voz en off es utilizada de forma magistral como hilo conductor de la secuencia narrativa junto con las del resto de protagonistas, consiguiendo así formar un caleidoscopio sonoro de pensamientos inconexos, jadeos emocionales y sentimientos poco terminados. “Pasé por un periodo donde el sexo debía ser violento. Estaba desesperada por sentir algo real. Nada se sentía real. Cada beso se sentía como la mitad de lo que debía ser. Sólo buscas aire”.

Ese es el soplo de aliento inicial con el que la actriz nos sumerge de lleno en un puzle de imágenes, sonidos y sensaciones explosivos materializados en un triángulo amoroso del que parece difícil salir ileso. Todos los personajes de Terrence Malick establecen durante la película un diálogo interno con el dolor y con el hueco existencial de lo insatisfecho en pro de la apariencia externa de una felicidad plastificada. Las reflexiones y las preguntas que pone sobre la mesa el director a través de la voz de Faye muestran un objetivo realmente poderoso que radica en encender la llama de la curiosidad del espectador y ofrecerle una serie de cuestiones vitales sobre las que pensar y con las que identificarse. No da respuestas, establece preguntas. Y lo hace por mediación de la piel y del retrato universalizado de una sociedad postmoderna estereotipada, ambiciosa, perdida, necesitada de sentido y sensaciones, lastrada por el mito del capitalismo, ennegrecida por el salvajismo de lo material y obligada sin receso a seguir el ritmo acelerado de un dinero capaz de saciar su decadencia, pero completamente inútil a la hora de acallar el miedo y la búsqueda introspectiva de uno mismo. Una búsqueda que se observa en la inestabilidad etérea de Faye y que aumenta considerablemente en el modus operandi de Cook -interpretado por Michael Fassbender-, pareja iniciática de Faye y  productor musical depravado y acostumbrado al éxito que consigue atrapar a las personas que forman parte de su entorno con palabrería y magnetismo pero despertando tiempo después en esas mismas personas un inevitable sentimiento de rechazo y de apatía hacia todo lo que representa y hacia todas las formas sociales que han desarrollado gracias a la toxicidad de su influencia.

Una fantástica Natalie Portman arrastrada por el papel de Rhonda, será una de esas “víctimas” colaterales en el porvenir de la vida de Cook y la única capaz de favorecer y destapar su capacidad de amar. El círculo sentimental, se cierra con la figura de Ryan Gosling, interpretando a un joven músico cuyo principal objetivo es conseguir abrirse un hueco dentro de la industria musical, que termina enamorándose de Faye y sumergiéndose en la frivolidad y el desequilibrio de la soledad que genera el éxito que Cook le ofrece. El sexo se resuelve de forma mecánica, la felicidad resulta imposible de alcanzar, el deseo se pervierte y el amor surge como salvación, el miedo al fracaso se cristaliza en realidades paralelas que terminan confluyendo por mera necesidad, la muerte se convierte en objeto literario, el cuerpo se banaliza y mientras la arquitectura minimalista se fusiona con el grito ahogado de la naturaleza, los protagonistas de esta historia portentosa exigen su derecho al desorden. Será la extremada belleza de la fotografía del mexicano Emmanuel Lubezki que consigue empapar de poesía cada plano realizado y elevar la imagen a la categoría de lo sublime, será el ejercicio improvisado de interpretación de unos actores capaces de desnudarse metafórica y literalmente o será la forma de rodar tan desquiciadamente efectiva que tiene Terrence Malick para extraer una dosis de realidad sin digerir que atrapa a ese espectador dispuesto a entrar en el juego. No lo sé. Pero “Song to Song” merece demasiado la pena. Casi tanto o más que la sonrisa de Fassbender.

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s