Modelos a seguir

Adalides de la moralidad. Abanderados del entretenimiento. Líderes de audiencias caducas. Payasos de la tele. Hace unas cuantas semanas, Almudena Grandes publicó un artículo en El País con la pretensión de levantar conciencias o al menos transmitir un claro mensaje diferenciador entre la verdadera y la aparente literatura. Hablaba de famosos de medio pelo, de estrellas de la televisión y de seudoaristócratas que publican sus novelas con la firme convicción de ser auténticos poetas. Carmen Lomana, baja representante de la burguesía más cutre. Paz Padilla, cuenta chistes más necesitada de clases de dicción que de publicaciones varias. Mercedes Milá, periodista en tiempos pretéritos y actualmente bufón televisivo. Jorge Javier Vázquez, insigne acomplejado con repentinas dotes de “escritor” son algunos de los ilustres figurantes. No contentos con sus publicaciones, algunos de ellos se indignan de una forma extraordinaria ante las palabras de la escritora y se convierten en contestatarios ridículos de verdades como puños. Hoy más que nunca la esencia de la literatura y el arte de las palabras deberían convertirse en ferviente necesidad de un público ávido de cosas buenas. De un público que demanda vida a través de los libros. Sensaciones a través de la escritura. Amor por el arte. El público ya tiene suficiente dosis de necedad diaria a través de su televisión como para que además le bombardeen por escrito y aleccionen de una libertad de expresión que ellos mismos se encargan de deslegitimar cada vez que abren la boca. Relacionar de forma directa el éxito de un acontecimiento como la Feria del Libro con el gran interés de la gente por este tipo de seudonovelas resulta igual de frívolo que la autora de dichas afirmaciones. Si esto es así, queda claro que en España hay dos problemas: o la existencia de un público enfermo culturalmente o la osadía más que preocupante de personajes desacreditados que se creen sus propias gilipolleces. La gente que lee, que lee por el placer de experimentar sensaciones propias que otros instrumentos no les ofrecen, saben de lo que hablo. Que no se equivoquen. El público no compra libros porque están escritos por Mercedes Milá o Jorge Javier Vázquez. El público compra libros para alimentar su curiosidad, su conocimiento y su cultura. Para el día de mañana no parecerse a gente como esta.

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