Ansiado verano

Puedo sentir como los rayos del sol inciden tan directamente sobre mi piel que incluso quema, pero aun así resulta agradable. Hasta la última de mis terminaciones nerviosas se remueve de gusto. Mientras, jugueteo con mis manos dejando que diminutas partículas de arena se entrelacen en mis dedos y se deslicen suavemente por mis nudillos. Me hace cosquillas. Sonrió. Noto como una suave brisa cálida azota mi rostro ocasionando que algún otro mechón de pelo mojado se quede ondeando sobre mi frente. Cierro los ojos e inspiro. Olor a agua salada, espetos de sardinas, jazmines, pan de hogaza, coco, canela en rama, almendras tostadas, lilas, naranjas, zumo de mango, lavanda, Jacinto, vainilla y pomelo. Puedo saborear el verano. De nuevo, abro los ojos y detengo mi mirada en un anciano de aspecto pulcro pero sencillo al mismo tiempo. Lleva un sombrero artesanal, unos pantalones desgastados y una simple camisa blanca cuyos dos primeros botones están ligeramente desabrochados. En las arrugas de expresión; el paso de toda una vida. En sus manos curtidas por los años; el reflejo del trabajo y el esfuerzo. Sus ojos se dirigen de forma casi mecánica al mar y se clavan como si el mundo se hubiese parado, denotando amargura, señal nostálgica de todos esos amores de juventud venidos a la memoria. Inmediatamente algo capta mi atención; una gaviota de grandes dimensiones se desplaza con desparpajo sobrevolando mi cabeza a escasa distancia y que hace que me tambaleé bruscamente tras el ataque fortuito. Acto seguido quedo maravillada con la rapidez con la que reemprende el vuelo, alejándose a través del opaco cielo y dejando tras de sí la estela blanca de su plumaje. Pierdo la noción del tiempo contemplando vidas ajenas, miradas que hablan solas y risas de niños chapoteando en el agua. Caigo en la cuenta de que esta atardeciendo y dirijo la vista hacia el horizonte, contemplando así la caída del ocaso. El mar ha perdido ya ese azul turquesa que presentaba al mediodía para adquirir tonos violetas y pastel, entremezclados con un azul oscuro intenso. Sugestión, inspiración y magnetismo. Multitud de sensaciones pelean en mi interior. Magenta y rojo luchan por el predominio del cielo en esta paleta de colores. El poder de la naturaleza hace alarde de su magnitud, dibujando paisajes como estos. Atrayendo el ojo del espectador y captando toda su atención. La esencia de la belleza plasmada en este lienzo natural que tiene el poder hipnótico de cerrar mis párpados para hacerme sucumbir en el más profundo de los sueños. Otro escenario. Otra luz distinta. Habrán pasado horas. Pestañeo un par de veces. Intento abrir los ojos sin prisa. Me noto ligeramente adormecida. Termino abriéndolos del todo y observo con un ápice de frustración y pena en mi rostro el techo tan familiar de mi habitación. Todo sigue igual que siempre. Justo entonces un pensamiento se mueve de forma frenética, rebotando en mi cabeza; Ansiado verano. Pienso mientras exhalo un amargo suspiro.

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